Ecuajey: Maelo Vive

    
  

A bailar mi bomba

Mariela Fullana Acosta / Primera Hora

Su corazón comenzó a latir el 5 de octubre de 1931. Palpitó en medio de una pobreza que golpeaba con su mano inmisericorde los barrios santurcinos de aquel Puerto Rico de la década los 30. Lo que en ese entonces desconocían esas calles era que a aquel niño se le alojaría el corazón en la garganta para darles voz a los que no la tenían: su gente pobre, su gente negra.

Ismael Rivera, "El Sonero Mayor", pintó con ese sonar tan suyo al pueblo puertorriqueño que tanto amó, al reafirmar con su cantar una identidad caribeña y afroantillana, la cual retumba en cada esquina del país. La magia de sus soneos, acompañada por una hechizante personalidad, convierte a este intérprete en uno de los grandes de la música popular del país. El cantante estableció nuevas tendencias en la música puertorriqueña, a la vez que dio cátedra en el arte de la improvisación.

Hoy, al celebrar su octogésimo natalicio, sus familiares y amigos, recuerdan y celebran la vida del "Brujo de Borinquen", quien se mantiene inmortal a través de canciones como Mi negrita me espera, Cúcala, El negro bembón, Dime por qué, Incomprendido y Las caras lindas.

"Cuando escuchas la música de Ismael Rivera, tú puedes estar en cualquier lugar del planeta y te identificas como puertorriqueño. Su música resulta ser como una carta de presentación del puertorriqueño en el resto del mundo. Estoy bien claro que ése no fue su propósito, pero ha servido para eso", expresó Ismael Rivera, hijo.

Agregó que su padre fue un "puertorriqueño bragao", que se caracterizó por su talento, pero también por su humildad. "No podía ver una persona que necesitaba y no le gustaba otra cosa que no fuera ayudar. Era excesivamente desprendido y eso fue lo que vi y aprendí. Mi papá era una persona muy poco ortodoxa y una persona muy única", apuntó Ismaelito Rivera.

Esas lecciones de vida, Maelo las aprendió en la calle Calma en Villa Palmeras, donde se crió de la mano de su madre Margarita Rivera, mejor conocida como doña Margó. Cuando ésta se divorció del padre del cantante, Luis Rivera Esquilín, tuvo que trabajar en el hogar para ayudar a su madre y a sus cuatro hermanos menores. Fue así como se desempeñó como limpiabotas y albañil. Pero fue la música su gran pasión desde que era un niño. De adolescente, según recuerda Ivelisse Rivera, una de las hermanas del cantante, Maelo se la pasaba cantando boleros y le decía a su madre que se convertiría en artista.

"Mami le decía: 'Ay, mijo, perro flaco soñando con bistec' y le quitaba las esperanzas porque le decía que era pobre y negro para ser artista. Pero cuando él empezó a hacer sus pininos, es ella quien le dio la mano", contó Ivelisse sobre esa relación de Ismael con su madre, quien fue la creadora de varios de sus temas como Maquinolandera, Las ingratitudes y Chanita.

La vida artística de Ismael Rivera tomó forma al conocer a otro grande de la música puertorriqueña, Rafael Cortijo, quien fue su gran amigo y compadre. Ambos de Santurce -Cortijo de la parada 21 y Maelo de la calle Calma de Villa Palmeras- se la pasaban tocando e improvisando por los barrios santurcinos donde el repicar de los tambores era una constante. Ninguno se educó formalmente en música, sino que lo suyo era un talento innato cultivado por los sonidos y relatos de su cotidianidad.

"Papi consideraba a Cortijo como un genio artístico... Ambos sobresalen porque se nutren mutuamente. Creo que papi aprendió muchísimo de don Rafael y, al otro lado, Don Rafael también de papi. Estoy seguro que papi nunca consiguió un percusionista como Rafael y Rafael nunca consiguió un cantante como papi. Son dos carreras que están unidas por siempre", precisó Ismael Rivera, hijo.

Y es que fueron estos dos artistas los responsables de internacionalizar la bomba y la plena, haciéndola entrar a los salones de baile y conquistando con su sabor a personas de diversos estratos sociales. A la vez, crearon un performance musical al agregar coreografías, que no eran usuales en las orquestas de entonces. El sabor de Ismael Rivera se imponía en esas presentaciones, llevando esa esencia rítmica del barrio a diversos escenarios. Esas mismas características las siguió desarrollando cuando creó su banda a finales de los 60, Los Cachimbos, en la que una vez más rompió con las reglas establecidas al sonear por encima de los coros, siempre en clave, y mostrar un gran dominio de la polirritmia.

"Mi papá era un demigod, había algo de extraterrestre en él; estaba en otro plano, su plano de existencia era diferente... Si existiera un curso de cómo cantar como Ismael Rivera, no podríamos compararlo con ninguno que existe porque no se regía por las reglas establecidas", precisó Ismael Rivera, hijo.

La vida del Brujo de Borinquen estuvo marcada por el éxito, pero también por la sombra de las drogas. En 1962, es arrestado y acusado, junto a Rafael Cortijo, de posesión de drogas y ambos cumplen cuatro años de cárcel, condena que a muchos les pareció excesiva. Un tiempo después, Ismael Rivera, en un viaje a Panamá, se hace devoto de El Cristo Negro de Portobelo, a quien le entrega "su problema", como relató Ivelisse Rivera. Es al "Naza" a quien Maelo le dedica el tema El Nazareno, de la autoría de Henry D. Williams.

Pero más allá de su devoción al Cristo, Ismael Rivera se entregó por completo a su gente, a quien le cantó Las caras lindas, de Tite Curet Alonso, entre otros tantos temas que trascienden generaciones y fronteras.

Aun así, tanto el hijo como la hermana del Sonero Mayor, entienden que todavía no se ha hecho justicia a su legado musical y social. "El público es ingrato, y lo digo en términos generales, no quiero ser específico con el puertorriqueño o con los que le gusta la salsa o la balada. Voy a usar una frase de don Tite Curet que decía: 'Hay mucho amigos del éxito, el éxito le gusta a todo el mundo y mientras el éxito está contigo te valoran, te ven, dicen que te quieren, pero cuando el éxito te abandona, ellos se van con el éxito'. Lo que papi hizo por Puerto Rico y sigue haciendo aún en su desaparición no ha sido valorado de la manera que corresponde, y estoy prejuiciado porque soy su hijo, pero todavía quedan muchas cosas que decir y que hacer de lo que fue Ismael Rivera", opinó.

Ivelisse Rivera, por su parte, destacó que el pueblo sí lo valora, pero no el Gobierno que, a su entender, no le ha dado la atención necesaria a su legado.

"Si a lo mejor no fuera un cantante de bomba y plena, quizás lo valorarían más, porque acuérdate que esto nos identifica como país negro, país de una cultura africana y tú sabes que el racismo lo hay. Creo que el Gobierno quizás no se siente tan orgulloso de lo que Ismael hizo porque nos pone en primera plana como gente negra y gente pobre", puntualizó.

Ismael Rivera murió el 13 de mayo de 1987. Ese día su corazón paró, pero los latidos de su voz siguen retumbando en cada esquina de este pueblo que todavía reacciona ante ese grito inmortal de su ¡Ecuajey!