• Kibera, Kenia. Esther Wambui no tiene descendencia propia, sí 15 niños y niñas a quienes cuida como si fueran propios; les da la educación y la comida diarias que sus familias no pueden, especialmente a los 12 que son huérfanos y huérfanas.
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  • Lo hace a pesar de lo mucho que ha tenido que sacrificar. La joven de 25 años dona el 50 por ciento de su salario de contable en un hospital al mantenimiento del Salima Children Centre, en la villa de Makina, en el slum (barrio pobre) de Kibera. Ese sí es su “bebé”. Lo creó en el 2007 para cubrir las necesidades básicas de algunos chiquillos.

    “Es drenante y frustrante porque dependo de mi propio salario. He sacrificado mucho, no he terminado mi educación (universitaria) porque no tengo dinero. En ocasiones, me he enfermado y he tenido que ir a hospitales con préstamos”, añade.

    ¿Por qué lo hace? Esther nació y se crió en Kibera, junto a tres hermanos, hijos de empleados de gobierno y ama de casa. Todos estudiaron gracias a personas que ayudaron a su familia. “Al menos teníamos una comida diaria, pero las personas aquí pueden estar días sin comer”, explica.

    Por eso, porque sabe lo que es pasar necesidad, lo hace. “Siento que es mi deber y obligación regresar a donde nací y me crié para ayudar a otros niños a tener educación para que consigan trabajos y regresen a la comunidad (para ayudar a otros)”, destaca.

    En abril pasado, Esther recibió con entusiasmo a los misioneros puertorriqueños de A África con Amor, la primera entidad sin fines de lucro que la visita para ofrecerle ayuda humanitaria, luego de inaugurar el centro en el 2007. “Esto son buenas noticias para mí”, expresa.

    Esther ha logrado mantener su obra social a pesar de las dificultades económicas para pagar la maestra, la comida, la renta, el agua y la electricidad.